Ketchikan toma su nombre de Ketchikan Creek —en tlingit, Kichx̱áan—, donde los tlingit tenían un campamento de pesca de verano mucho antes de que abriera la primera conservera en la década de 1880. El salmón levantó la ciudad, una fiebre del oro y del cobre en la cercana isla Príncipe de Gales llenó sus salones, y durante buena parte del siglo XX una fábrica de pasta de papel en Ward Cove le dio trabajo. Desde que la fábrica cerró en 1997, los visitantes son el principal negocio de mayo a septiembre, junto a una flota pesquera que sigue desembarcando cantidades serias de salmón.
Esta es la tierra ancestral de los tlingit, y también los haida y los tsimshian viven en la zona desde hace generaciones. Su arte —sobre todo los tótems— es la razón por la que vienen muchos viajeros.
Lo imprescindible de un vistazo
El centro, a pie desde el barco Creek Street y Dolly’s House
El famoso paseo de madera sobre pilotes de Ketchikan: antiguo barrio rojo, hoy su calle más bonita.
Una pasarela de madera levantada sobre pilotes encima del arroyo Ketchikan Creek, flanqueada por casas de colores vivos que fueron burdeles hasta 1954. Hoy alberga galerías, tiendas y el museo Dolly’s House, con salmones y a veces focas en el agua de abajo.
Naturaleza y fauna Monumento Nacional Misty Fjords
Paredes verticales de granito, cascadas y lagos silenciosos, en hidroavión o en barco desde Ketchikan.
Una zona salvaje de 2,3 millones de acres de fiordos tallados por glaciares al este de Ketchikan, con acantilados que se elevan unos 3.000 pies desde el mar. No hay carreteras: se visita en un vuelo en hidroavión de unas dos horas o en un crucero en barco de cuatro a cinco.
Tótems y cultura nativa Totem Bight State Historical Park
Catorce tótems y una casa de clan en el bosque junto al mar, 10 millas al norte de la ciudad.
Un parque estatal a orillas del Tongass Narrows donde tallistas tlingit y haida recrearon tótems y una casa de clan tradicional a partir de 1938. Un corto sendero por el bosque conduce a uno de los conjuntos de tótems más fotogénicos de Alaska.
Tótems y cultura nativa Saxman Native Village y su parque de tótems
Una comunidad tlingit viva con una de las mayores colecciones de tótems del mundo.
A dos millas y media al sur del centro, el parque de tótems de Saxman reúne unas dos docenas de tótems, una casa de clan y un taller donde trabajan maestros tallistas. Las visitas guiadas incluyen danza tradicional; también puedes recorrer el parque por tu cuenta pagando una pequeña entrada.
Planes para el día de escala
Unas cuatro horas
- Camina hasta Creek Street, visita Dolly’s House y sigue el arroyo hasta la escala de salmones (60–90 minutos).
- Después elige una cosa: el espectáculo de leñadores (alrededor de una hora), el Discovery Center o seguir a pie hasta el Totem Heritage Center.
Unas seis horas
- Reserva una excursión principal de dos a tres horas: un hidroavión a Misty Fjords, una visita guiada a Totem Bight o Saxman, o el tour del barco cangrejero.
- Dedica el resto del tiempo a Creek Street y al paseo marítimo, con un cuenco de chowder o un fish and chips.
Ocho horas o más
- Haz una salida más larga —avistamiento de osos en temporada, kayak o un crucero en barco por Misty Fjords— y aún te quedará tiempo para el paseo por el centro.
- O combina un parque de tótems por la mañana con el espectáculo de leñadores y Creek Street por la tarde.
¿Atracas en Ward Cove? Resta alrededor de una hora y media a cada plan por la lanzadera. Consulta cómo llegar.
Itinerarios para viajeros independientes
Dos días
- Día 1: el centro a pie: Creek Street, la escala de salmones, el Totem Heritage Center, el Tongass Historical Museum y el Discovery Center. Paseo al atardecer por Thomas Basin cuando se hayan ido los barcos.
- Día 2: hidroavión a Misty Fjords por la mañana; por la tarde, autobús, taxi o tour a Totem Bight y Potlatch Park.
Tres días o más
- Día 3: hacia el sur, a Saxman y Herring Cove, o una salida para ver osos en temporada. Con coche, añade Ward Lake y Settlers Cove.
- Con más tiempo: sube a Deer Mountain en un día despejado, contrata una salida de pesca de salmón o fletán, o toma el ferri a la isla Príncipe de Gales o a Metlakatla.
Pesca
La pesca deportiva es una de las principales razones por las que vienen los viajeros independientes. Las salidas de medio día para salmón parten directamente de los puertos del centro y encajan con los horarios de crucero; las de fletán van más lejos y suelen requerir una jornada más larga. Necesitas una licencia de pesca deportiva de Alaska (se vende por días y normalmente se gestiona a través del chárter o por internet), además de un sello de salmón real si vas a por esa especie. Las procesadoras locales filetean, envasan al vacío, congelan y envían tu captura a casa. Consulta los meses de migración del salmón.
Comer y beber
Come pescado y marisco. Busca salmón salvaje (a la parrilla, ahumado o en chowder), fletán con patatas, cangrejo Dungeness y cangrejo real, langostinos «spot» y tacos de pez roca. Los ahumaderos del centro venden salmón ahumado envasado al vacío y en lata que viaja bien. Las raciones son generosas y los precios, más altos que en los 48 estados contiguos: casi todo, salvo el pescado, llega en barcaza. Los bares locales sirven cerveza elaborada en Alaska, y la salchicha de reno aparece en las cartas de desayuno.
Dinero y precios
- La moneda es el dólar estadounidense. Se aceptan tarjetas en casi todas partes; lleva algunos billetes pequeños para autobuses y propinas.
- Alaska no tiene impuesto estatal sobre las ventas, pero la ciudad y el distrito aplican un impuesto local de varios puntos porcentuales, que se añade en caja.
- Las propinas siguen la costumbre estadounidense: en torno al 18–20 % en restaurantes, y es habitual dejar propina a guías, conductores y tripulaciones si has disfrutado de la salida.
- Ketchikan no es barata en verano. Las excursiones son el gasto principal; ver el centro es casi gratis.
Compras sin arrepentimientos
Las calles más próximas a los muelles están llenas de cadenas de joyería y de recuerdos que siguen a los cruceros. Para algo genuinamente local, busca galerías y tiendas que muestren obra de artistas de Alaska con nombre propio y, para el arte nativo, busca el emblema Silver Hand, que identifica la obra auténtica de artistas nativos de Alaska. Son buenas compras el salmón ahumado, las láminas de arte local y las piezas talladas de las tiendas de los propios parques de tótems.
Seguridad y salud
- Ketchikan es una ciudad pequeña y segura. Los riesgos prácticos son las pasarelas y escaleras resbaladizas con la lluvia y el tráfico de Tongass Avenue, que tiene aceras estrechas.
- Osos: en los alrededores de la ciudad viven osos negros que acuden a los arroyos salmoneros. Mantente al menos a 100 yardas, nunca les des de comer y, en los senderos, haz ruido y camina acompañado.
- En el agua y en los senderos: el mar está frío todo el año y el tiempo cambia deprisa. Ve con guías salvo que tengas experiencia, y cuéntale a alguien tu plan antes de salir a caminar.
- En caso de emergencia llama al 911. Ketchikan tiene un hospital, el PeaceHealth Ketchikan Medical Center, y farmacias en la ciudad.
Qué llevar
- Una chaqueta de verdad impermeable y con capucha, no solo «repelente al agua».
- Capas: un forro polar o una chaqueta ligera con aislamiento bajo la impermeable, incluso en julio.
- Calzado con agarre que pueda mojarse; impermeable si lo tienes.
- Una bolsa estanca o bolsas con cierre para el móvil y la cámara, y un par de calcetines de repuesto.
- Prismáticos para águilas, ballenas y osos.
Los paraguas sirven de poco con viento y en pasarelas abarrotadas; los vecinos casi nunca los usan. Más detalles en qué ponerte.
Costumbres locales
Los tótems no son «ídolos» y nunca se adoraron: registran historias familiares, honran a los muertos y cuentan relatos que pertenecen a clanes concretos. Trátalos como tratarías un monumento conmemorativo —no te subas ni te apoyes en ellos— y pide permiso antes de fotografiar a bailarines, tallistas o atuendos ceremoniales. Y recuerda que esta es una ciudad que trabaja: los barcos pesqueros, los hidroaviones y los trayectos al colegio siguen su curso entre los visitantes, así que deja libres las aceras y los muelles.

